jueves, 13 de junio de 2019

La dignidad de nuestro oficio.


La Humanidad ha progresado de una manera exponencial e imparable desde nuestra asunción como "Seres Humanos". Así, escrito en mayúscula, hace unos 70.000 años. Nunca antes tantos individuos hemos gozado de la seguridad de un hogar, de los avances científicos y técnicos y del exceso de agua y alimentos, como la sociedad que nosotros y nuestros congéneres contemporáneos hemos alcanzado y disfrutado actualmente. Este nivel de bienestar no lo hemos sabido repartir y eso nos ha llevado a grandes desequilibrios, -económicos, sociales, sanitarios y de seguridad-, en áreas muy extensas de nuestro planeta, pero aún así las mujeres y los hombres actuales, en cualquier parte del mundo, viven mejor y más tiempo que sus antepasados. 
La diferencia la hace la dignidad. Podemos vivir más o menos, pero no podemos vivir sin dignidad. Podemos y debemos competir entre nosotros pero debemos hacerlo con dignidad. 
Llevando esta reflexión al mundo del entrenador, que es de lo que opina el Pajarito, la dignidad profesional no debería estar en la mesa de negociación. Nunca. Compañeras y compañeros entrenadores, si perdemos la dignidad lo hemos perdido todo. No importa la categoría, ni la letra del equipo de fútbol base, ni el dinero que nos den a cambio. No importa el prestigio del club para el que trabajemos ni lo elegante del chándal que nos den el primer día. Sin dignidad no somos nada. El Pajarito lee que a nuestros compañeros los destituyen después de alcanzar el objetivo para el que fueron contratados. Lee que a un entrenador lo despiden en la jornada 3 del una liga de 38 jornadas. Lee que a uno lo agreden físicamente los padres de su equipo por perder la categoría, (en cadetes). Sí, en cadetes. El Pajarito lee que un entrenador, al que la masa social lo quería echar hace diez jornadas según la opinión publicada, es tildado de traidor al escudo por buscar una mejora en su contrato y un proyecto deportivo que él juzga más atractivo, después de dejar a su equipo en competición europea. No nos respetan, es evidente. Y ante esa falta de respecto, reiterada y casi atávica,  una vez descartada la posibilidad de unirnos y luchar entre todos por nuestros derechos colectivos, sólo nos queda librar la batalla personal de la dignidad. Es duro, pero es la única respuesta que podemos dar, que puedes dar. No aceptes todo, no bajes la cabeza, no tragues con los caprichos de gente que nunca está el día que llueve, el día de viento del norte, cargado de humedad y gélido. No aceptes que te paguen en "b", ni en "c", ni en nada que no sea legal. Firma y haz firmar tu contrato, que sea público y hazlo respetar, respetándolo tú también. Siempre. Y si te dicen que no hay contrato no hay entrenador, porque no contrato es no dignidad. Es bajarse los pantalones, es abrirle la puerta a que se lo hagan al siguiente y al otro y a la otra y a todos. 
Y no sólo eso. No permitas que te mangoneen, que te limiten en el ejercicio de tu profesión. Sí, profesión. Cobres lo que cobres, eres un/una profesional. Compórtate como tal. Ten dignidad.


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